Por Wendy Gudiel

Como parte de la IV Bienal de Periodismo y Comunicación de la FCC, se llevó a cabo la conferencia «El gran cerebro interconectado: comunicación, técnica y control» a cargo del sociólogo y ensayista, Christian Ferrer, quien compartió una crítica hacia la temática tecnológica y el «futuro temible» dentro de las ciencias de la comunicación en la sociedad actual.

Esquematizada por una línea de tiempo, Ferrer pone en evidencia la constante transformación y adaptación de objetivos y técnicas dentro de la comunicación. Partiendo de las primeras miradas y enfoques como «estudios sentados» y el «uso del lenguaje», presentes en la crítica cultural realizada en el pasado desde la semiología y, posteriormente el interés de los “medios y el pueblo” desde la Comunicación Popular que implementaban herramientas específicas como la radio.

Parte de la crítica de Ferrer, es “la invisibilización” de los problemas que han surgido desde las redes sociales: “Existe gran interés en el cuerpo como centro de operaciones y una subjetividad en la comunicación” expresaba. En este sentido se vio reflejado cómo el sujeto pasa a ser la base y el elemento con más peso en la comunicación actual, mostrando una realidad a partir de la construcción social creada, se obtiene un “mundo más informado y libre” acompañado de una negativa como “la pérdida del control”, puntualizó. 

Ferrer contrastó el enfoque de “receptividad” dentro del contexto comunicacional anterior, en donde “las audiencias eran manipuladas”, en relación con el enfoque actual de “interactividad”, donde el usuario posee un “poder de técnica” y adquiere una figura ya no sólo de receptor, también se convierte en una figura de emisor. Este nuevo juego de roles convierte a la comunicación en “un lugar que es un adentro y afuera, interconecta todo, identifica elementos de riesgos sistemáticos, cumpliendo con la función para lo que se construyó”,  refiriéndose al uso de las redes sociales. 

Así mismo, la necesidad y prevalencia por parte de las personas que dirigen estas nuevas herramientas, donde “no importa que la persona emita, sino que no deje de hacerlo” mencionaba, así como la participación del Estado por incluir estrategias que incluyan a más personas en esta red de conexión. Esa necesidad de inclusión de masas forma parte de “una vigilancia continua” implementando pensamientos de estilo propio, como “autoconstruirse”, “auto modelarse” y “auto subjetivarse”, haciendo que se intensifique la percepción de que “lo que no está en redes, no existe” reflexionaba Ferrer.

La sociedad está siendo acompañada desde un sistema de control perfeccional, desde una “industria del cuerpo” y una “filosofía del progreso” que mantiene viva la esperanza de que en un futuro todo será mejor. Ferrer concluyó su participación incentivando al análisis de la nueva realidad comunicacional: “Existe un placer de espiar y vigilar a otras personas, pero ¿Por qué lo aceptan las personas?.”